Miércoles, 25/11/2009

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CRÍTICA: ÓPERA

Locura organizada

JUAN ÁNGEL VELA DEL CAMPO 05/11/2009

 
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Jesús López Cobos se ha tomado al pie de la letra las insinuaciones a la "locura organizada" que decía Stendhal a propósito de Rossini. Desde la obertura de La italiana en Argel -impecable en su exposición y matices- nos invita a participar en una visión de Rossini marcadamente analítica, con tendencia a resaltar los valores camerísticos, alejada de las exageraciones extravagantes y con un pie en la convivencia con la abstracción.

LA ITALIANA EN ARGEL

De Rossini. Edición crítica de Azio Corghi, Fundación Rossini de Pesaro. Con Vesselina Kasarova, Maxim Mironov, Michele Pertusi, y Carlos Chausson, entre otros. Director musical: Jesús López Cobos. Director de escena: Joan Font, Els Comediants. Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid. Teatro Real. 1 de noviembre.

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La más disparatada de las óperas de Rossini admite este planteamiento y en esa predilección de la sonrisa frente a la carcajada, de la elegancia frente al efecto espectacular, López Cobos reivindica la sustancia de una música tan escéptica y burlona como imaginativa y hasta delirante.

En su manera de hacer Rossini a lo Haydn, el maestro zamorano saca a la luz el humor desde la música más que desde el argumento teatral. Joan Font, superviviente del mítico grupo de teatro de calle Els Comediants, opta por una estructura de cuento de intenciones amables para narrar la historia. No está en todo momento a la altura de la música, aunque algunas escenas están resueltas con ingenio. La comicidad es elemental y el estatismo de varias situaciones frena el ritmo de la representación.

En el aspecto teatral, Chausson está imponente como actor cómico, mientras Vesselina Kasarova o Maxim Mironov no acaban de entrar con naturalidad en el surrealismo rossiniano. Michele Pertusi desarrolla su cometido sin excesos y está grandioso en la apoteosis final como Papatacci.

La ovación más emotiva fue para Carlos Chausson. Merecida. La construcción de su personaje fue extraordinaria. Kasarova, Pertusi o Mironov cantaron con precisión, profesionalidad y estilo, pero no lograron esos momentos de arrebato que la obra permite.

La representación fue un éxito, a juzgar por los aplausos, aunque de entusiasmo contenido. Decía Rossini que el público que asistió a la première de esta obra "está más loco que yo" en alusión al clima de entusiasmo despertado. Eran, efectivamente, otros tiempos.

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