Martes, 24/11/2009

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ANÁLISIS: EL ACENTO

Mohamed VI, el censor

02/10/2009

 
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A principios de agosto las autoridades marroquíes permitieron que se distribuyera en

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el reino un ejemplar

del diario parisiense

Le Monde con una caricatura del rey Mohamed VI ante una bandera de Marruecos cuya estrella había sido sustituida por las tijeras de un censor.

Tanta benevolencia con un rotativo extranjero no debe llamar a engaño. Con los medios marroquíes la vara de medir es mucho más estricta. Prueba de ello es que por publicar en portada una caricatura del príncipe Moulay Ismael, primo de Mohamed VI, el diario Akhbar Al Yaoum de Casablanca ha sido cerrado el lunes.

El Ministerio del Interior tachó la viñeta de "ofensiva" contra un miembro de la familia real, puso una demanda contra el director y el dibujante, pero sin esperar al pronunciamiento de la justicia clausuró las dos sedes del rotativo y bloqueó sus cuentas.

Llueve sobre mojado. El pasado miércoles empezó el primero de los juicios contra cinco periodistas, del diario

Al Jarida al Oula y del semanario Al Michaal, que hace un mes osaron comentar o aportar datos al comunicado del palacio real que anunció que el soberano padecía una "infección de rotavirus". Se les acusa de difundir "falsas informaciones" y pueden ir a la cárcel.

Interior ordenó, también a principios de agosto, el secuestro y destrucción de los 100.000 ejemplares de tirada de los semanarios Tel Quel y Nichane que, en colaboración con Le Monde, se disponían a publicar un sondeo sobre la monarquía que arrojaba un resultado muy favorable para Mohamed VI. "Es una persona sagrada", argumentó el ministro de Comunicación.

El código de la prensa marroquí, muy coercitivo, no es en absoluto equiparable a la legislación de los socios europeos del país magrebí. Pese al poderoso arsenal jurídico que poseen para castigar a los medios, el palacio real e Interior tienen tantas prisas por acallarlos que se saltan la ley a la torera.

La legislación marroquí no permite destruir los ejemplares de una publicación secuestrada y, menos aún, cerrar de un plumazo un diario. Lo sucedido desmuestra que en Marruecos no sólo no hay Estado de derecho, sino que el derecho vigente se viola. Más que nunca Mohamed VI se merece las tijeras de censor con las que apareció en Le Monde.

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