JAVIER FRANCISCO LACOMBA MARURI - Valladolid - 27/02/2008
Días atrás vimos cómo la rutilante estrella de la política francesa, Sarkozy, insultaba a alguien que en público no quería darle la mano, alguien que, de alguna manera, rompía el protocolo establecido para los pobres ciudadanos. Se trata de un fascismo de nuevo cuño: o eres mi vasallo y te humillas ante mí o serás despreciado. Algo malo ocurre en la política cuando los ciudadanos sólo son útiles en los momentos cumbre (elecciones, fotos públicas...), luego, cuando se impone la realidad, la chusma sobra, huele, hay que quitarse al populacho de encima. La frase: "Pírate, pobre gilipollas", lejos de ser una salida irreflexiva, es una perfecta síntesis de esa creencia: si no vas a cumplir con tu papel de grey agradecida, puedes desaparecer en tu miserable existencia.
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