Una isla misteriosa, peligrosos indígenas, animales prehistóricos, cineastas sin escrúpulos… Y, sin embargo, la verdadera aventura en King Kong es el trágico amor imposible de un gorila gigante por una bella aspirante a actriz, interpretada por la inolvidable Fay Wray. De la larga y compleja producción del filme destaca el trabajo de Willis O'Brien, un maestro de los efectos especiales, que fue el creador del cuerpo (en realidad eran seis miniaturas de tan sólo 45 centímetros) y el responsable de los movimientos del gran simio que vemos en la pantalla. Sólo disparándole desde un aeroplano pueden los hombres acabar con esa fuerza de la naturaleza que es King Kong encaramado en lo más alto del Empire State Building pero, como se dice en la frase que cierra la película, "no fueron los aviones. La belleza mató a la bestia".- ELIO CASTRO - 15-05-2008
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