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CORRESPONSAL EN CIUDAD DE MÉXICOPablo Ordaz |
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El golpista Roberto Micheletti gana asalto tras asalto. Compinchado con su mejor aliado, el tiempo, ahora acaba de conseguir que el presidente Manuel Zelaya arroje definitivamente la toalla. Cuatro meses y medio después de que los militares lo expulsaran de Honduras, tras casi dos meses de claustrofóbico encierro en la Embajada de Brasil y a sólo dos semanas de la celebración de las elecciones, Zelaya ha decidido decir basta.
Cuatro meses y ocho días después del golpe, Honduras sigue igual, pero más sola. Roberto Micheletti sigue en el sillón que le regalaron los militares y Manuel Zelaya continúa fuera de juego, encerrado en la Embajada de Brasil.
Antes del golpe, Ángel David ya vivía aquí, en esta colonia de Tegucigalpa donde el único espacio verde y horizontal es el cementerio, así que los críos aprovechan un agujero de la tapia para jugar al fútbol o al escondite entre las tumbas de sus abuelos.
Delante de la flor y nata de la sociedad hondureña, el ex presidente chileno Ricardo Lagos fue tajante: "Aún es posible evitar el salto al precipicio. Nosotros, en Chile, no fuimos capaces". Unos segundos después, ante un grupo de periodistas, se mostró aún más explícito: "Estamos aquí para restaurar las instituciones democráticas al estado en que se encontraban antes del 28 de junio.
El lugar se llama Río Abajo, está a la salida de la ciudad, al pie de la carretera que va a Olancho. Música estridente, una bailarina ligerita de ropa y viseras azules de regalo. Esta tarde toca mitin. Vienen el candidato nacionalista a alcalde de Tegucigalpa y el candidato nacionalista a presidente de Honduras.
La solución al enredo de Honduras la tiene Porfirio Lobo. Y tiene un porqué. Porfirio Lobo, al que todo el mundo aquí conoce por Pepe, es el jefe del Partido Nacional y el candidato con más posibilidades de convertirse en el próximo presidente de Honduras.
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