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CORRESPONSAL EN LONDRESWalter Oppenheimer Salinas |
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El tradicional discurso de la reina, en el que la monarca británica lee el programa legislativo de su Gobierno en la apertura del año parlamentario en Westminster, estuvo marcado ayer por la crispación. La tensión a unos seis meses vista de las elecciones generales se reflejó en el cruce de acusaciones de la víspera y en el tono más sarcástico que irónico en el debate posterior.
El Gobierno británico ha lanzado con apenas unas horas de diferencia mensajes aparentemente contradictorios sobre la guerra de Afganistán. El lunes por la noche, el primer ministro, Gordon Brown, expresó su esperanza de que la retirada de las tropas británicas empezará en 2010.
Pasearse por el centro de Belfast puede llevar a engaño. Las modernas oficinas y centros de ocio que se han levantado a orillas del río Lagan o los impresionantes 100.000 metros cuadrados de tiendas, cines y restaurantes del centro comercial Victoria Square, abierto el año pasado en el corazón de la ciudad, no son un reflejo de lo que está ocurriendo en Irlanda del Norte.
La posibilidad de Tony Blair de convertirse en presidente de la Unión Europea recibió ayer un golpe probablemente letal con el anuncio de que deberá comparecer ante la comisión que investiga la polémica entrada del Reino Unido en la guerra de Irak.
Un psiquiatra británico sostuvo ayer en el tribunal de Belfast que el etarra Iñaki de Juana Chaos, reclamado por el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco por un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo, no debería ser extraditado porque sus 21 años en prisión le han dejado estrés postraumático, depresión y agotamiento.
La guerra de Afganistán se parece cada vez más a lo que para Estados Unidos fue Vietnam: un conflicto sangriento, impopular y destinado a la derrota. El domingo, miles de personas asistieron en todo el país a los tradicionales homenajes en el aniversario del armisticio de la I Guerra Mundial.
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